Opinión y texto de: Sergio Ruíz Padilla
El sábado era la primera cita de la Liga Postobón, a las 6 de la tarde las tribunas del Campín ya estaban atiborradas, sobretodo de hinchas azules, que alentaron siempre al equipo a pesar de empezar abajo en el marcador.
Los equipos saltaron a la cancha y los colores azul y blanco se tomaron el cielo capitalino, el estadio se sentía latir aunque muchos estuviéramos un tanto pesimistas de sacar un resultado positivo frente a Nacional, cosa que no se hacía en Bogotá desde hace tres años. Y es que antes del partido se sentía un gran ambiente de duda, eran pocos los hinchas azules que apostaban por una victoria y, por lo tanto, fueron muchos los que salieron extasiados con el resultado final.
El comienzo del partido fue difícil, Nacional salió con toda y puso a prueba los reflejos de Obelar, un arquero que se ve muy seguro y con buena actitud, y aunque el gol del verde de la montaña fue un regalillo de su parte, salvó la patria en varias ocasiones.
Millonarios no se quedó atrás y empezó a poner un poco más de control en el medio, hasta que la “joya” de Jairo Patiño hizo unas de sus escenas y provocó la expulsión de Omar Vásquez, lo que dejó tremendo hueco en el medio campo albiazul, que aprovechó Nacional para poner el marcador de su lado en el segundo tiempo.
Pero los embajadores siguieron empujando desde atrás, no se dejaron meter en su área y el paraguayo Ramírez aprovecho un balón que quedó por el costado derecho de Nacional, tiró un centro pasado para Mera, que fue derribado de forma ilegal por Walter Moreno, dándole la oportunidad a Millos de empatar a través de un penalti.
El encargado de patear sería Arrechea y los murmullos en la tribuna no se hicieron esperar, pero fue el propio exSantafe quien le dio la primera alegría del semestre a los hinchas millonarios. Cinco minutos después, y con un Nacional expuesto en su defensa por la expulsión de Moreno, Arrechea aprovechó los espacios dados por la zaga verde, midió su disparo y metió el balón en el ángulo derecho de Pezzuti para poner el partido 2 – 1 y darle vuelta a un partido que estaba complicado.
La alegría no se hizo esperar y el equipo embajador mantuvo el balón en sus pies para conservar el resultado. Al final del partido quedaron bastantes cosas atrayentes, la presencia de Obelar fue importantísima y dejó una buena imagen, a pesar del gol recibido. Perlaza, el lateral derecho, también mostró un buen comportamiento individual y fortaleció una zona del equipo que hacía años venía un tanto débil. Ya no se ven las viejas figuras gritando y caminando la cancha, ahora hay juventud y talento que llenan de esperanza la hinchada embajadora.
Es un grupo nuevo que se ve fuerte y arrancó bien en un torneo donde las cosas parecen peliagudas, no va a ser fácil quedar entre los primeros cuatro y ya se dio un paso importante, vencer uno de los equipos mejor armados para este torneo. El próximo domingo la cita es en el Pascual Guerrero contra el Cali, otro partido duro y de vital importancia para arrancar la liga ganando los primeros tres puntos de visitante.