
Cuando Pelé levantó la Copa del Mundo en México, la música atravesaba un año de contrastes. En 1970 el mundo perdió a dos de sus artistas más influyentes: Jimi Hendrix y Janis Joplin. Al mismo tiempo, se producían cambios que transformarían el rock para siempre.
Ese año también marcó la separación de The Beatles, mientras comenzaba a tomar forma el heavy metal con los primeros trabajos de Black Sabbath, una banda que terminaría definiendo el sonido de todo un género.
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Dieciséis años después, el Mundial volvió a México y Diego Maradona escribió una de las páginas más recordadas de la historia del fútbol con la llamada Mano de Dios.
Mientras Brasil conquistaba su cuarto título mundial y Jorge Campos llamaba la atención con sus coloridos uniformes, la música vivía uno de sus años más intensos.
La muerte de Kurt Cobain marcó simbólicamente el final de la era grunge. Ese mismo año Oasis debutó con Definitely Maybe, Green Day alcanzó un nuevo nivel de popularidad con Dookie, Blur impulsó el britpop y artistas como Weezer y The Notorious B.I.G. publicaron discos que dejarían una huella duradera.
Tres Mundiales, tres generaciones y una misma coincidencia: mientras el fútbol hacía historia en la cancha, la música también estaba construyendo su propio legado.
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