
Cuando un vehículo pesado circula por una vía, genera vibraciones que se transmiten por el pavimento y el suelo. Parte de ese movimiento puede llegar a la estructura y hacerse perceptible en el interior.
Además, un edificio no es completamente rígido: se deforma ligeramente cuando recibe cargas y vibraciones. Esto, por sí solo, no significa que exista vulnerabilidad estructural. El IDIGER señala que la existencia de deformaciones no implica necesariamente un problema estructural; la preocupación aparece cuando estas superan determinados límites o afectan el funcionamiento de la edificación.
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Sentir una vibración ocasional por el paso de un vehículo no permite diagnosticar un riesgo de colapso. Lo que sí merece atención es que aparezcan otros signos, especialmente si son nuevos o están aumentando.
Entre ellos:
Si las vibraciones comenzaron o aumentaron después de un sismo y además aparecieron grietas, deformaciones u otros daños, lo recomendable es solicitar una evaluación profesional antes de asumir que todo está bien. En Bogotá, el IDIGER contempla la evaluación técnica de situaciones relacionadas con daño o riesgo estructural y sismos dentro de su gestión de emergencias.
Que un edificio vibre cuando pasa un camión puede ser una respuesta normal a las vibraciones del entorno. La vibración por sí sola no significa que el edificio vaya a colapsar; lo importante es prestar atención a daños visibles, cambios recientes o deformaciones y, ante señales preocupantes, buscar una evaluación de un profesional estructural.
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