El hombre, junto a un compañero que sí logró fugarse, hizo un agujero en una de las paredes, pero calculó mal las dimensiones por lo que su huida quedó empañada de chistes, cargadas y fotos.
Cuando el interno quedó con la mitad del cuerpo atorado, empezó a gritar y alertó a las autoridades del penal. Con la ayuda de los bomberos, que utilizaron un martillo para demoler parte de la construcción, el detenido pudo regresar a su celda donde fue atendido por paramédicos.
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